Historia

 

El Parque Natural Regional La Tatacoa se ubica en el Valle de Yacará, hoy Villavieja, el cual en la antiguedad estuvo poblado por caseríos dispersos de indígenas Doches y Totoyoes, que vivieron en la ribera del río Cabrera (Totoró), los primeros, y en la margen derecha del río Magdalena (Yuma) Los Totoyoes. 

Los pueblos del sur cayeron en manos de conquistadores ambiciosos, codiciosos, que atendían a un patrón cultural, dirigidos por Gonzalo Jiménez de Quesada, quien llegó desde el norte y bautizó este lugar como “Valle de las tristezas” (1538), y Sebastián de Belalcázar, quien venía de sur a norte (1539).

Para la expedición de Belalcázar,  se apropió de la tierra indígena, fundó ciudades que en un comienzo tenían las características de fuerte militares, formó estancias que pronto habrían de convertirse en haciendas ganaderas y se aplicó a la consecución de oro. La constitución temprana de las haciendas ganaderas.

La preñez de las indígenas, fruto de la usurpación y violación en el primer momento, da origen a una raza mestiza que poblará más adelante estas tierras, pero aún así los indígenas no se doblegaron y con sus tambores llamaron a la guerra; vencer o morir fue su lema.

Los europeos traen a los Jesuitas quienes llegan en 1612; ellos crean la hacienda Aposentos, que poco después se convierte en emporio de riqueza ganadera y adoctrinamiento católico y si bien los indígenas de la región no son confiables por su aguerrido pensar, deciden traer los indígenas del Caquetá, más sumisos y fáciles de manejar para las labores agrícolas y ganaderas; esta mano de obra fue complementada con negros.

Primera fundación: La fundación de este poblado esta íntimamente relacionada con la fundación de la ciudad de Neiva. Sebastián de Belalcázar antes de regresar a España (con Gonzalo Jiménez de Quesada y Nicolás de Federmann) decide enviar a su lugarteniente, el capitán Juan de Cabrera, a fundar una población; esta fundación se hizo en 1539 en el sitio Las Tapias (hoy Otás, vereda del municipio de Campoalegre) bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción, la ciudad de Neiva. La población duró hasta 1510.

Segunda fundación: Para el año de 1510, la población fundada por Juan de Cabrera fue atacada ferozmente por los nativos. Mandaba el cuerpo de guardia de los españoles el capitán Juan de Alonso; los españoles se vieron obligados a salir en forzosa retirada hacia el Norte, hasta un lugar donde se levantan peñones al lado y lado del camino; este lugar fue tomado como fortaleza por los conquistadores que lograron contener el avance de los indígenas; al lugar se le conoce como Fortalecillas. Con los restos de su tropa y con el mismo empeño se dio fundación a la población de Neiva, siguiendo la orden de Belalcázar, en el lugar ocupado actualmente por Villavieja.

Allí, la colonia floreció hasta el año 1569 en que fue destruida por los pijaos, y sus habitantes se vieron obligados a trasladarse a Timaná.21 Esta versión es ratificada por el padre Jenaro Díaz Jordán, quien da como fecha precisa de la fundación el 18 de agosto de 1550 con el nombre de “San Juan Nepomuceno de Neiva. Los indígenas de la región continuaron buscando liberarse de los españoles posiblemente apoyados por los guerreros pijaos, raza valerosa y feroz que atrasó por más de 70 años la colonización de lo que hoy es el departamento del Huila. El 14 de noviembre de 1569 fue completamente destruida la población de San Juan de Nepomuceno de Neiva por los indios Totoyoes, aliados con los doches y pijaos, en venganza del ultraje cometido por Juan de Horta –teniente del capitán Juan de Alonso– en Tocayá, princesa aborigen, hija del cacique Totoyó, dueño y señor de la comarca.

Francisco de Paula Plazas menciona que el Teniente Juan de Horta, al encontrar sola a la princesa, la tomó como su esposa y formó hogar con ella, y debido a su gran fortaleza física y su capacidad para nadar en los ríos, se convirtió en el jefe de los indígenas. Esta es una manera muy romántica de justificar el mestizaje en la región. El Presidente don Juan de Borja dio expresas órdenes de “dominar a sangre y fuego a los indios” de la destruida villa, como en efecto ocurrió.